Guía

Cueva del Viento con niños: qué esperar

Colada de lava cordada al aire libre sobre el tubo volcánico de la Cueva del Viento, en Icod
Foto: Photograph by Mike Peel (www.mikepeel.net). · Wikimedia Commons · CC BY-SA 4.0

La pregunta llega casi siempre en el mismo orden: ¿desde qué edad, cuánto se camina y van a pasar miedo? Las tres tienen respuesta concreta, y ninguna aparece en la web oficial.

La edad mínima son cinco años, sin excepciones

Por debajo de cinco no se permite la entrada, y no es negociable en la taquilla: es una norma del gestor, no una recomendación. Si viajáis con un niño de cuatro años, no hay forma de entrar por turnos dejando a uno fuera con él más allá de lo obvio: el traslado hasta el inicio del sendero va incluido en la visita y sale del centro de visitantes, así que quien se queda fuera se queda en Icod.

A partir de siete u ocho años suele funcionar muy bien. El casco con frontal y la oscuridad forman parte de la gracia, y el guía lo plantea como una exploración. Entre cinco y siete depende mucho del niño: lo que cansa no es el tubo, es la caminata.

Se camina más de lo que la gente espera

La visita completa dura unas dos horas y media y solo una parte es subterránea. Antes hay un tramo por el malpaís y el camino real, al aire libre, con terreno irregular. Dentro hay escaleras, suelo desigual y algún punto donde se pasa agachado. Es una caminata de dificultad media, no un paseo por una cueva iluminada.

¿Van a pasar miedo?

La oscuridad es real: en un momento de la visita el guía suele pedir que se apaguen los frontales, y eso es oscuridad total, no penumbra. A la mayoría de los niños les encanta y es lo que luego cuentan. Al que le asuste, le asusta ahí, con quince personas alrededor y el guía delante, así que se resuelve encendiendo la luz.

El grupo es de quince personas como máximo, lo que ayuda: no es una riada de gente ni hay presión por avanzar. Si alguien de la familia tiene claustrofobia de verdad, o movilidad reducida, conviene llamar antes de reservar y preguntar sin rodeos.

El plan del día

Coge un turno de mañana: el tramo exterior se agradece sin sol de mediodía y los niños llegan con más cuerda. Al salir, el Drago Milenario y el casco de Icod quedan a minutos, y el Mariposario es el remate perfecto si hace falta algo tranquilo. Si el día amanece con panza de burro, mejor todavía: dentro del tubo da exactamente igual el tiempo que haga.

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